Historia de las calculadoras: del ábaco al teléfono inteligente

La calculadora no apareció de repente. Desde que las personas empezaron a contar, han ido cambiando sus herramientas para calcular más rápido y equivocarse menos.

La respuesta breve

El antepasado directo de la calculadora actual fue la máquina mecánica europea del siglo XVII, aunque la historia de delegar las cuentas en una herramienta es mucho más antigua. El recorrido pasa por el ábaco, los engranajes, las calculadoras de sobremesa eléctricas, los semiconductores y, finalmente, las aplicaciones del teléfono.

¿Cuál fue la primera calculadora?

No hay una sola respuesta. Si incluimos las marcas hechas en piedras o palos para registrar cantidades, las herramientas de cálculo se remontan a la prehistoria. Entre los instrumentos completos que se manejan con las manos, el ábaco es el ejemplo clásico. Sus cuentas hacen visible el valor posicional y permiten sumar y restar números grandes con rapidez. No necesita electricidad y deja ver cada paso, dos razones por las que siguió utilizándose mucho después de la llegada de la electrónica.

¿Cuándo empezaron las máquinas a calcular?

En 1642, Blaise Pascal construyó una calculadora de engranajes para ayudar a su padre con el trabajo tributario. Servía para sumar y restar. Más tarde, Leibniz desarrolló un cilindro escalonado pensado también para multiplicar y dividir. Ya estaba allí una idea que todavía reconocemos: la persona fija las reglas y la máquina repite las operaciones.

¿Cómo pasó una máquina de sobremesa al bolsillo?

A finales del siglo XIX y comienzos del XX se extendieron las calculadoras mecánicas de oficina. Una manivela o una tecla ponía en movimiento sus engranajes. En la década de 1960 llegaron las calculadoras electrónicas de sobremesa con tubos de vacío y transistores; cuando los circuitos integrados bajaron de precio en los años setenta, los modelos portátiles se volvieron accesibles. La máquina que ocupaba parte del escritorio acabó cabiendo en un bolsillo.

¿La calculadora del teléfono pertenece a la misma historia?

Aunque tenga otro aspecto, hace lo mismo: recibe números y reglas de operación y devuelve un resultado determinado. Una calculadora dedicada tiene botones y pantalla fijos; la del teléfono es software y puede cambiar de función. De ahí que hoy existan calculadoras para unidades, estadística o impuestos, además de la aritmética básica.

Fuentes